El caso de Lázaro Báez.
Leonardo Fariña no tenía plata, título universitario o contactos. Pero
era capaz de ofrecerle el Obelisco a quien se le pusiera delante y
prometer ganancias al desprevenido. Así llegó hasta Lázaro Báez. Y así
se hizo millonario. En un golpe de fortuna que terminó mal, con una
huida que continúa hoy, según surge de los testimonios de 20 personas
que lo conocieron durante su ascenso, apogeo y escándalo, y decenas de
declaraciones judiciales, correos electrónicos, documentos privados y
públicos a los que accedió LA NACION.
La imagen que surge de Fariña es muy distinta de la que él alienta.
Muestra a un muchacho que hablaba de operaciones millonarias para
comprar Telecom con una familia real de Medio Oriente o de financiar el
proyecto Condor Cliff -La Barrancosa con sus contactos en el Banco de
Desarrollo de China, pero que pedía $ 500 prestados para la cuota de
alimentos de su hijo. O que decía ser hijo de Néstor Kirchner -y fue el
centro de un llamado de la Presidenta, y acaso de un encuentro en Roma-,
pero volvía a su ciudad, La Plata, en colectivo. Hasta que llegó el
momento en que, a fines de 2010, se ganó la confianza del socio K. Y
luego su furia.
Para principios de 2010, Fariña no conducía Ferraris. Sólo ofrecía contratos de
leasing
de The Capita Corporation, del Banco Comafi. Iba a distintas empresas,
pedía reuniones y tiraba el anzuelo. Así fue como viajó hasta General
Pico, La Pampa, junto a un ejecutivo de Plus Carga, y conoció a Gabriel
Bryn, de Fedea - Dow Agrosciences. O luego se reunió con Juan Macedo, de
Nación Fideicomisos.
Bryn y Macedo presenciaron su evolución, con el Audi
Lounge, ahí nomás del Canal 7, como su base de operaciones. Desde allí
también tejió negocios con la provincia de Córdoba -y se contactó con el
hijo homónimo del ex gobernador Eduardo Angeloz- y de Santa Cruz, hasta
que logró venderle un contrato de
leasing para camiones a Austral Construcciones. Así tendió su primer puente con los patagónicos.
Fariña tentó entonces a Bryn con otro proyecto. Le
propuso armar un fideicomiso con los certificados de obra de Austral
Construcciones. De ese modo, Báez podría aflojar el torniquete que
sentía alrededor de sus empresas y ellos embolsar una fortuna.
El cálculo era el siguiente: juntas, Austral y las
constructoras Kank y Costilla y Sucesión Adelmo Biancalini, podían
acumular hasta $ 350 millones en certificados, y por armar, negociar y
conseguir el fideicomiso, la dupla pretendía cobrar el 3% (unos $ 10,5
millones), más otro 0,1% por su gerenciamiento mensual.
Para eso, el muchacho de rodete necesitaba de Bryn.
¿Por qué? Para empezar, porque todo lo que tenía de lanzado le faltaba a
Fariña de preparación académica. Aunque en varias reuniones se presentó
como contador, le faltaban cuatro materias para recibirse en la
Universidad de La Plata y no sabía manejar ni el Excel.
Telecom en la mira
Casi en simultáneo, Fariña encaró otro proyecto
multimillonario junto a un abogado, Matías Casal, y un economista, Jesús
Pena Iglesias: comprar Telecom. Llegó a ellos a través de Macedo, con
quien Casal coincidió en Nación Fideicomisos. El trío bosquejó la oferta
con una sociedad llamada Genevieve Financial Corporation, con un
supuesto financiamiento de la realeza de Medio Oriente.
Si la compra de Telecom prometía millones en
honorarios, el despertador debió sonar pronto: Fariña -o "Mambrú", como
lo apodaron a sus espaldas- llegó a pedirle $ 500 a Pena Iglesias para
pagar los alimentos de su hijo en La Plata. Como Ricardo Darín en la
película
Nueve Reinas , que prometía millones, mientras pedía unos pocos mangos.
Bryn, no obstante, aceptó viajar al Sur. Quiso
verificar si era cierto que Fariña conocía a los responsables de Austral
Construcciones. Tentado por la fortuna que podían embolsar si
concretaban el fideicomiso con el Banco Nación, Bryn tampoco vio una
señal de alarma: Fariña barajaba millones en el aire, pero no puso un
peso para pagar los pasajes aéreos, que solventó Bryn, por unos 5300
pesos, en septiembre de 2010.
Allá en el Sur, a Fariña no lo recibieron como a un
amigo. Los hicieron esperar durante tres horas hasta que, a las 14, los
recibió el gerente administrativo de Austral, Claudio Bustos, pero ni se
cruzaron con Báez. Sí saludaron, en cambio, a su hijo Martín, que los
trató con cortesía y les dijo de ir a cenar, pero el convite no se
concretó. ¿Por qué? Porque a Fariña lo encuadraron como "un bocón" según
contaron a LA NACION desde Río Gallegos. ¿Conclusión? Bryn y Fariña
cenaron esa noche, solos, en el hotel. A "Mambrú" le tomaría meses
ganarse la confianza de los patagónicos, que lo lamentarían.
Ya de regreso en Buenos Aires, dieron el paso
siguiente. Constituyeron Andrómeda Corporate Finance SA. Pero Fariña lo
caminó, al mismo tiempo que a Casal y a Pena Iglesias. Porque "Mambrú"
preparó un dossier para Andrómeda con errores de ortografía y otros de
amateur -como citar al "Stanley Morgan" en alusión al banco de renombre
mundial "Morgan Stanley"-, en el que también incluyó el proyecto de
Genevieve para la supuesta compra de Telecom por US$ 2000 millones. Lo
circuló entre distintas empresas que pretendían ganar contratos con el
Ministerio de Planificación Federal. Incluso se presentó en algunas
compañías con información que sólo conocían unos pocos funcionarios
sobre el proyecto Condor Cliff - La Barrancosa. ¿Cómo obtuvo esa
información?
Por entonces, el país había cambiado por completo, con
la muerte de Néstor Kirchner, el 27 de octubre. También Fariña comenzó a
evidenciar cambios notables, al mismo ritmo que sumaba puntos con el
emporio Báez. Hasta que, según rememoró Elaskar antes de desdecirse,
llegó a recibir llamadas diarias desde el Sur. Llamaba Báez, "Mambrú"
apagaba la música y lo trataba de "señor".
Durante esas semanas, Fariña y Bryn avanzaron con su
proyecto para Austral, que había llegado a Nación Fideicomisos derivado
desde el Banco Nación, que preside Juan Carlos Fábrega, viejo amigo de
Kirchner desde sus años comunes en Río Gallegos. La negociación se
encaró con tres ejecutivos de Nación Fideicomisos: la secretaria general
Inés Yamuss; el gerente comercial, Sergio Molina, y la subgerente de
Estructuración Legal, Cecilia Albornoz.
Fariña, de todos modos, no se quedó quieto. Le planteó a
Bryn armar una rentadora de autos lujosos junto al empresario Carlos
Molinari, con quien lo une una larga amistad familiar: Molinari es amigo
del padre de Fariña -quien le pidió que le diera un empleo a su hijo-, y
Leonardo era amigo del hijo, Matías Molinari.
Los nuevos amigos
Pero justo cuando el tándem Fariña-Bryn parecía más
aceitado, comenzó a resquebrajarse. A fines de 2010, Bryn viajó a
Capital Federal desde General Pico y Fariña lo sorprendió con una
invitación a almorzar a Cabaña Las Lilas, al que llegó en un Audi TT.
Allí, Bryn se enteró de que "Mambrú" tenía un hijo pequeño. Lo supo
porque el padre de Fariña le recriminó que gastara una fortuna en un
coche pero no le pasara alimentos al chiquito.
Por esos días, Fariña ya se mostraba con un par de
nuevos amigos llamados Maximiliano: Goff Dávila y Acosta. Con el
primero impulsó una sociedad, Marlin Group; con el segundo, la compra de
un campo en Uruguay. Pero el "valijero" mostraba, además, un nivel de
gastos superlativos, junto a un financista, Federico Elaskar.
Poco después, en enero de 2011, ocurrió la ya
legendaria fiesta en Punta del Este, entre botellas de champagne Cristal
y el alquiler de dos aviones charter. El muchacho ya estaba lanzado al
estrellato, con fajos de dinero ajeno. Y para febrero, la metamorfosis
era total.
"Venite que estoy en SGI", le planteó a Bryn, que ya
casi no lograba ubicar a su socio por teléfono. Allí, en "La Rosadita",
Fariña le presentó a Elaskar, que luego definiría a "Mambrú" por
televisión como un "cadete millonario" que ya se encargaba de las
"operaciones por cuenta y orden" de Báez por "50, 60 millones de
dólares". Pero a Bryn le llamó la atención algo más carnal: Fariña se
había tatuado una cruz y unos números. "Es la fecha en que conocí a
Karina", explicó, en alusión a la modelo Karina Jelinek. Se iban a
casar.
"Si no se muestra, lo matan"
La fiesta la pagó Molinari, pero cuando casi un año
después estalló el escándalo dijo que le desagradó la ostentación de su
ex empleado. Lo mismo afirmó Elaskar para explicar por qué se abrió de
Fariña. ¿Qué les molestó? Según sostuvieron por separado, su aparición
en el programa de Susana Giménez, junto a Jelinek, el 11 de mayo de
2011. "Recuerdo que ese día -contaría Elaskar- fue el día que yo dije
basta."
La objeción pública de Molinari contrasta, sin embargo,
con lo que repitió a puertas cerradas. Relató que Fariña debió levantar
su perfil porque se había quedado con dinero ajeno. "Si no se muestra,
lo matan", dijo, sin precisar quiénes podían querer su cabeza.
Inhallable ya Fariña en sus teléfonos o incluso el
Audi Lounge, Bryn recién pudo volver a localizarlo en mayo. Quería saber
qué había pasado con el fideicomiso. "Se cayó porque no se consiguió la
garantía adicional", fue la respuesta. Curioso: ante la Justicia dijo
hace unos días que para esa época ya marchaba todo viento en popa con
Báez y esa operación.
Desconfiado, Bryn rastreó las huellas. Hasta que
descubrió que en junio, Nación Fideicomisos le dio luz verde final a la
operación con Austral Construcciones. Salió otra vez a la caza de Fariña
y esta vez le fue a la rodilla.
-Vos me cagaste.
La respuesta de su socio lo descolocó.
-Ah, ¿salió? ¡No sabía!
Un faltante millonario
Fariña acababa de volver de su luna de miel en Italia y
su situación había dado un vuelco. Pérez Gadín le había dado un
ultimátum a Elaskar por un faltante de dinero de Báez. Según el entonces
dueño de SGI, Fariña había completado operaciones durante el primer
semestre de 2011, y "a su jefe no le cerró la caja a mitad de año; se ve
que lo auditó [y] empezó a ver qué hacía [Fariña] con el dinero".
También Fariña aludió a ese agujero, pero se lo adjudicó a su entonces
amigo, que a su vez retrucó: "El faltante lo tiene él".
Así, entre junio y julio de 2011, Pérez Gadín ordenó el
desembarco hostil en SGI de dos colaboradores, Jorge Cerrotta (gerente
en la estatal Enarsa, bajo la órbita de De Vido) y Eduardo Castro.
Juntos, venían de actuar como síndicos titulares del Banco Privado de
Inversiones (BPI), controlado por el Banco Macro de Jorge Brito. No sólo
eso, Elaskar debió además renunciar a la presidencia de la financiera.
Bryn también comenzó a abrirse de Fariña. Para eso
emprendió una larga cadena de cartas documento para forzar a su socio a
despegarlo de Andrómeda Corporation. Sólo lo logró cuando tras enviarle
las intimaciones a su casa, se las envió a su padre en La Plata.
Entonces sí, el 23 de septiembre, concretaron el traspaso de las
acciones de Bryn, por apenas $ 6000, a nombre del padre del supuesto
valijero.
El 21 de octubre, también SGI se convirtió en otra
firma. Elaskar ya se había desprendido de sus acciones a favor de Ser
Norte Holding SA que ocultó a la verdadera controlante, Helvetic
Services Group. Dos días después, Elaskar se marchó a Estados Unidos.
No volvió durante un año. Según él, debió entregar SGI si "no quería
terminar como Sebastián Forza" -el protagonista del Triple Crimen- bajo
la advertencia de que los patagónicos "eran peores que los colombianos".
¿Quién se lo dijo? Pérez Gadín, según Elaskar, quien venía "por parte
de Lázaro", con el fin de "arreglar los chanchullos que hizo Leo".
Fariña optó por quedarse en la Argentina, pero elevó
aún más su perfil. El 13 de diciembre lanzó varios mensajes crípticos en
el programa
Animales sueltos : "Si esto no se soluciona, hay
una serie de personas que van a caer en la volteada y no tendrían por
qué. Hay empresarios, de todo". Luego rechazó seguir la senda de
Elaskar: "Y ojo con amenazar a mi esposa y mi familia".
Casal y Pena Iglesias -los del sueño por Telecom-
escogieron una tercera vía, al igual que Goff Dávila, que al igual que
Fariña también mostró gastos sorpresivos, al parecer con auto BMW Z4 y
departamentos incluidos. Acudieron a Pérez Gadín en SGI.
Ante el emisario de Báez, Goff Dávila actuó como si le
estuviera devolviendo su cuota de dinero. ¿Cuál? Hay tres operaciones
bajo la lupa: el campo "El Entrevero" de Uruguay, otro campo de 3400
hectáreas en Mendoza que Fariña compró "en comisión", en diciembre de
2010, por US$ 5 millones y el fondeo para una financiera disfrazada de
cooperativa.
Ante la consulta específica de LA NACION, Goff Dávila
desmintió haber hecho negocios con Pérez Gadín. Pero sí confirmó que lo
conoció cuando el contador de Báez "se presentó como auditor de Fariña,
para ver unos negocios, que le conté que no habían prosperado". Y
detalló que con Fariña intentó tres negocios, que tampoco caminaron.
El otro amigo de Fariña, Acosta, ni necesitó ir a ver a
Pérez Gadín. Por teléfono, el contador de Báez le dijo que Fariña lo
había estafado, que tenían "el futuro comprado" y que si él seguía la
senda también tendría "la vida comprada".
-¿Es una amenaza?-retrucó Acosta, según rememoró ante la Justicia, a principios de este mes.
-Tomalo como quieras- fue la respuesta de Pérez Gadín,
según Acosta, que relató las supuestas amenazas telefónicas que recibió
después, y que lo habrían llevado a refugiarse en Concordia y en
Uruguay.
Casal y Pena Iglesias también peregrinaron hasta Pérez
Gadín. Le aclararon que no tenían nada que ver con el enriquecimiento de
"Mambrú" y sondearon si tenían algo que temer. Se marcharon de allí
tranquilos, sosiego que no se extendió a Fariña. El mensaje del nuevo
mandamás de "La Rosadita" resultó por demás inquietante.
Fariña sigue en problemas.
Rumores que inquietaron a Cristina
Puesto a decirlo todo y proponerlo todo, Leonardo
Fariña llegó a alturas inusuales. Poco después de la muerte de Néstor
Kirchner, en octubre de 2010, comenzó a afirmar entre algunos
interlocutores que era hijo del ex Presidente, mientras que a otros les
dijo que no era su vástago, pero sí que lo conocía y que tenía un
vínculo con él. ¿Por qué? ¿Para que se le abrieran puertas en el
Gobierno y en el sector privado que de otro modo hubieran permanecido
siempre cerradas? Sólo él lo sabe.
El ruido, sin embargo, llegó hasta la presidenta
Cristina Fernández de Kirchner, que llamó a por lo menos un funcionario
de extrema confianza de su marido fallecido para preguntarle si era
posible que el muchacho de rodete y perfil cada día más elevado fuera
hijo de Kirchner. Le preguntó, en concreto, si él sabía algo. La
respuesta se diluyó entre frases de compromiso y alegaciones de
ignorancia.
Las versiones alrededor de Kirchner y Fariña comenzaron
a volar, potenciadas por las negativas a la prensa del muchacho a
preguntas que nadie le había hecho. "No soy hijo extramatrimonial de
Kirchner, no cobré ninguna herencia luego de su muerte como aseguran por
ahí", le dijo, por ejemplo, al diario sensacionalista Muy, en mayo de
2011. Pero, así, negándolo, difundía aún más ese rumor entre quienes
hasta entonces no lo habían escuchado. Lo mismo que ocurrió, tras el
estallido del escándalo. "Yo no soy el hijo de Néstor", lanzó en
Intrusos , pero de inmediato añadió que lo conoció "comiendo un asado" y "jugando un partido de fútbol".
Las especulaciones volaron aún más alto tras la luna de
miel de Fariña en Italia. Al volver, fue su flamante esposa, Karina
Jelinek, quien sorprendió a todos cuando contó detalles sobre un
supuesto encuentro entre su marido y la Presidenta, donde ambos habrían
coincidido en Roma, a principios de junio de 2011.
Según contó Jelinek a sus amigas, Fariña le dijo una
mañana, de improviso, que se fuera de compras sola por la capital
italiana porque él debía hablar con "Cristina" en su hotel. ¿Existió esa
reunión? ¿Fue un desvarío más de Jelinek? ¿Fariña le mintió?
Sólo se sabe que, de improviso, la pareja acortó una
semana su viaje, mientras que la Presidenta quedó envuelta en versiones
confusas sobre un golpe de calor y su faltazo al desfile militar por los
150 años de la unificación de Italia, el 2 de junio, rumores que sus
colaboradores refutaron indignados.
Por
Hugo Alconada Mon
Con la colaboración de Florencia Donovan y Francisco Jueguen