lunes, 12 de agosto de 2013

¿Y si la derrota enfurece aún más a "la bestia"?

¿Y si la gran derrota que afronta el Frente para la Victoria en lugar de a la reflexión, invita a la venganza? ¿Si en lugar de reducir la inclemencia, la recrudece? ¿Y si la pérdida de los sueños enfurece a la "bestia"? Dicen que hay una bestia interna que se alimenta de nuestras penas, fracasos, decepciones, ira y demás sentimientos negativos. ¿Alguien ha podido afrontar a su propia bestia? ¿Cuán necesaria es su existencia? Lo que todos quieren saber ahora es cómo fluctuará desde hoy el estado de ánimo de la presidente Cristina Fernández... porque los números no anticipan nada bueno.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (El Cronista Comercial) El principal impacto que una elección legislativa sobre la economía tiene que ver con la formación de expectativas. La economía real no se conmueve por una primaria, a menos que su resultado no esté en línea con lo esperado y dispare decisiones del Gobierno que no estaban contempladas para este tiempo. Por eso empresarios e inversores evaluaban anoche con atención si el triunfo de Sergio Massa en Buenos Aires y la pérdida de varios distritos importantes se traducirán en un nuevo escenario para el corto plazo. La respuesta que esperan -con inocultable ansiedad- no emergerá fácilmente: lo que en el fondo quieren saber es cómo fluctuará desde hoy el estado de ánimo de la presidenta Cristina Kirchner. Los números no anticipan algo bueno.
La aritmética le dará al Frente para la Victoria una primera suma positiva: tendrá más votos en todo el país que la oposición. Lo favorecerá la dispersión que muestran los segundos, huérfanos de un consenso mayor que los aglutine mejor. Sin embargo, el kirchnerismo tendrá que digerir la exitosa irrupción de un proyecto con aspiraciones de sucederlo, como el que lidera Massa, que podría forzar realineamientos en el resto del peronismo, potenciados por triunfos locales de caudillos aliados como José Manuel de la Sota. También tendrá que asimilar la consolidación de figuras nacionales como Mauricio Macri y Hermes Binner, así como el resurgimiento de enemigos como Elisa Carrió y Julio Cobos, que pueden alimentar un nueva versión del Acuerdo Cívico y Social.
La jefa de Estado, instalada desde la noche temprana en el bunker del Hotel Intercontinental, esperó hasta contar con votos de todas las provincias antes de hablar. En esas cuentas provisorias, la chance de retener al total de los legisladores que vencían mandato todavía está en pie, pero es dudosa. El hecho de que la pérdida de votos en la elección bonaerense quede asociado a su participación personal en la campaña (producto de haber impulsado a un intendente de bajo perfil como Martín Insaurralde), tampoco será inocua. Este panorama, si se repite en octubre, puede implicar un bloqueo definitivo a la idea de una reforma constitucional que abra paso a un tercer mandado de Cristina. Con lo cual lo que se instalará con fuerza hacia adelante en la gestión oficial es la sensación de fin de ciclo.
La Presidenta es la gran decisora del Gobierno. Y si la política le marca nuevos tiempos, lo que puede esperarse es algún movimiento más intenso en el estrecho sendero de posibilidades que tiene por delante el kirchnerismo.
Carlos Kunkel, el veterano diputado bonaerense que ha actuado en el pasado como mentor político de los Kirchner, dejó anoche un mensaje enigmático: señaló que “el Gobierno tomará medidas luego de conocer los resultados”. Nadie que conozca el pensamiento oficial imagina que su alusión esté referida solo a un cambio de funcionarios, como podría suceder por la derrota en Chubut del ministro de Agricultura, Néstor Yahuar.
Los analistas no proyectaban rumbos muy diferentes en materia económica. Hay razones que las elecciones no alteraron: el cepo al dólar continuará porque hay menos ingreso de divisas por el comercio (más aún con la soja en caída) y porque las importaciones de energía siguen altas. La inflación seguirá viva, tanto como el dólar blue, porque el Gobierno no se permite adoptar políticas para combatirlas que desafíen el relato. Los subsidios tampoco desaparecerán, ni la emisión del BCRA para financiar al Tesoro.
El interrogante que intentarán despejar desde hoy todos los protagonistas de la economía es si el kirchnerismo buscará recuperar capital político para los dos años que quedan, de la mano de un “vamos por todo” que remate la vocación de intervencionismo y control que ya mostró en esta década.