sábado, 10 de agosto de 2013

El poder permanente ya no consume kirchnerismo (que pase el que sigue)

Acerca de Néstor empresario -y Cristina empresaria-, pueden extraerse algunas conclusiones con la lectura de 2 libros que han llegado a las librerías porteñas.

También permiten avizorar los tiempos que vienen, que no son propicios para la falsa lógica del poder que tiene el Frente para la Victoria.
La construcción del poder de los Kirchner tuvo que ver con el alquiler del posible poder permanente antes que con la construcción de nuevo poder. 10 años después siguen siendo más importantes los Barones del Conurbano quienes, en verdad, son hijos del duhaldismo en términos generales, y del peronismo convencional, en especial, antes que todo lo que ensayó el kirchnerismodesde La Cámpora a Unidos y Organizados. La propia existencia del Frente para la Victoria no se encuentra garantizada más allá del kirchnerismo, y muy probablemente el Partido Justicialista intente recuperar su sello institucional histórico.
 
El fracaso de los K en la construcción del nuevo poder con el que practicaron un onanismo permanente durante 10 años, trasciende a la política electoral para avanzar sobre aquello que fue la esencia de todo para Néstor Kirchner: el dinero.
 
'Los Patrones de la Argentina K', de Esteban Rafele (periodista hoy día de El Cronista Comercial) y Pablo Fernández Blanco (hoy en La Nación) es un libro de Editorial Planeta/Espejo de la Argentina, que se refiere a la relación de un grupo de empresarios con Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.
 
El concepto es el siguiente. "Los negocios, el poder y la política de los verdaderos dueños de la década ganada", mencionándose a Jorge Brito, Carlos Bulgheroni, Eduardo Elsztain, Sebastián Eskenazi, Cristóbal López, Eduardo Eurnekian, Héctor Magnetto, Marcelo Mindlin, Luis Pagani y Paolo Rocca.
 
Hay algunas reflexiones indispensables, a poco de abordar la lectura del interesante texto:
 
1. La mayoría de los mencionados hicieron fortuna antes de los Kirchner y seguirán haciéndola después de los Kirchner. Con la excepción de Sebastián Eskenazi (en verdad, el núcleo de los negocios familiares pasa por Enrique Eskenazi, no por su hijo), de Cristóbal López y de Marcelo Mindlin (que se independizó de Eduardo Elsztain a partir de 2002), los restantes nombres ya realizaron negocios voluminosos en los años '90. En el caso de Carlos Bulgheroni, heredero de Alejandro Bulgheroni; de Luis Pagani, heredero de Fulvio Pagani; y de Paolo Rocca, heredero de Roberto Rocca, heredero de Agostino Rocca, ya eran millonarios cuando regresó la democracia representativa, en los años '80. En el caso de Magnetto, es atípico porque en teoría él es un accionista con menos acciones que Ernestina Herrera de Noble, aunque es el director ejecutivo del multimedios que devino en figura pública en años recientes, a partir de su disputa con Raúl Moneta y, en especial, cuando Néstor Kirchner lo estigmatizó en la fallida (para ambos) disputa por el control de Telecom Argentina.
 
2. Carlos Bulgheroni ya lideraba el llamado Grupo María, a fines de la Administración Alfonsín. El ejemplo permite comprender que tanto el poder empresarial como el poder político han mantenido vínculos permanentes con el poder político institucional, porque se necesitan, en especial en un país de economía tan regulada, donde el Estado tiene una presencia permanente en todas las decisiones. Por lo tanto, cabe preguntarse si Néstor Kirchner alquiló a los empresarios o los empresarios utilizaron al kirchnerismo y ya se preparan para descartarlo, pasando a la etapa siguiente. Luego, no siempre el poder político institucional es una salvaguarda. Bulgheroni era un empresario de acceso directo a Carlos Menem desde 1989, aunque ese privilegio no impidió su derrota a manos de Domingo Cavallo/Héctor Massuh/Carlos Pedro Blaquier en la 'guerra del papel'. Bulgheroni no sólo perdió sus bancos sino también Papel del Tucumán, cesando su diversificación y regresando a sus orígenes estrictamente petroleros. El acceso de Eskenazi o de Mindlin a Néstor Kirchner no impidió un ocaso de ambos dentro del propio ciclo kirchnerista.
 
3. Sin duda que el listado de integrantes del poder permanente es más amplio que el que citan Rafele y Fernández Blanco. Por lo menos, el citado Blaquier y Gerardo Werthein irrumpen en cualquier ranking. Y, eventualmente, la sociedad polirrubro de Daniel Vila & José Luis Manzano. Ninguno de ellos es un grupo empresario originado en los Kirchner. Buscando empresarios K bien podría mencionarse a Lázaro Báez/Austral Construcciones, Gerardo Ferreyra/Electroingeniería, Angelo Calcaterra/Iecsa y Emilio Carosio/Medanito, por ejemplo. El caso de los Eskenazi es más complicado porque su momento de mayor poder fue con los Kirchner (cuando tuvieron el control de YPF), pero fue muy fugaz y es una situación dificilmente repetible. Hoy día su volumen presente de negocios impide mantenerlos en el ranking.
 
4. De todos los empresarios citados hasta aquí, las investigaciones periodísticas de, por ejemplo, Jorge Lanata, sólo han mencionado a Lázaro Báez y a Claudio Cirigliano, empresario que si bien tuvo un explosivo crecimiento desde los años '90, en días de Néstor Kirchner alcanzó una expansión considerable aunque fue una bonanza fugaz ya que, luego del accidente del convoy de Trenes de Buenos Aires en Plaza Once, sufrió una caída brutal. Mucho más interesante es el caso de Gabriel Benjamín Romero/Emepa/Hidrovías, quien desde los años '80, arribado Raúl Alfonsín a la Administración, ha iniciado un crecimiento de muy bajo perfil pero incesante, consolidándose en actividades en las que Cirigliano fue borrado abruptamente.
 
5. Resultará muy interesante evaluar, en el final del ciclo K, cómo resolverá Cristóbal López/Grupo Indaló su tránsito de un ciclo político a otro. En esas circunstancias los grupos empresarios son puestos a prueba y puebe comprobarse su consistencia. Los cambios de ciclo político provocan en la economía argentina una redistribución de negocios, una forzada participación en la perinola del dinero. ¿Quién recuerda al CEI Citicorp Holdings que en los años '90 parecía todopoderoso? ¿No resultó alguna vez Alfredo Yabrán el empresario con mayor proyección? ¿Recuerdan a Juan Navarro y su The Exxel Group?
 
Rafele y Fernández Blanco aciertan con una descripción introductoria: "Los empresarios más importantes de la Argentina nunca ganaron tanta plata como durante el kirchnerismo. Pero jamás se sintieron del todo cómodos con Néstor y Cristina en el poder".
 
Al respecto, algunas cuestiones:
 
> Néstor Kirchner tenía una determinada visión sobre la relación empresarial posible de su Administración y las empresas, pero Cristina no. Ella era dispendiosa para el gasto y él estructuraba la acumulación. En vida de su marido, ella tenía un rol pasivo; él estructuró y administó la organización económico-financiera del matrimonio. Luego de Néstor, Cristina, con ayuda de Máximo Kirchner y Julio De Vido, redujo y reorganizó parcialmente la herencia. El enojo con Sebastián Eskenazi, que inició la expropiación de YPF; la decisión de cortar vínculos con Cirigliano; el tira y afloje con Cristóbal López, a quien finalmente se le concedió 'luz verde' para ciertos proyectos; y el (ahora fallido) intento de ampliar los negocios de construcción de Lázaro Báez, fueron decisiones empresariales importantes de Cristina. Pero con ella no aparecieron nuevos actores. Por el contrario, mermaron los protagonistas.
 
> Ganar dinero no equivale a invertir dinero. Néstor nunca lo entendió. Cristina mucho menos. Para que las empresas inviertan, no basta con permitirles, con discrecionalidad muy caprichosa, ganar más dinero. Con Néstor (y Cristina) las empresas maximizaron la rentabilidad sobre la capacidad instalada pero no la ampliaron, Es decir que no tomaron riesgo empresarial. Los Kirchner han demostrado una extraordinaria necedad al respecto. Un ambiente propicio para los negocios no necesariamente equivale a alcanzar una elevada tasa de utilidad en el corto plazo. Ahí se derrumbó el modelo empresarial K, que había prometido la promoción de una supuesta nueva burguesía nacional, ignorando una cuestión central: la economía argentina es capitaldependiente del exterior. Por lo tanto es imposible sostener cualquier proceso de crecimiento empresarial sin acceso activo a los mercados financieros globales a los que acceden en forma privilegiada los grupos trasnacionales.
 
Ahora, si hubiese que elegir un empresario K, Lázaro Antonio Báez es el nombre indicado. Para ello hay que ir a otro texto.
 
Lucía Salinas escribió, también para Planeta, un ensayo titulado 'Quién es Lázaro Báez'.
 
Nacido en Corrientes pero criado en Santa Cruz, es un personaje muy interesante. Su inserción social y política comenzó junto a Ricardo Jaime Del Val, quien cuando era intendente le concedió el ingreso como empleado del Banco Nación, y que cuando fue gobernador resultó saboteado y derribado por Néstor Kirchner, con quien se reinsertó Báez -ya en el Banco de la Provincia de Santa Cruz por problemas sindicales derivados de su interna con el delegado de La Bancaria, Daniel Peralta- a partir de facilitarle información bancaria privilegiada sobre la constructora Gotti Hermanos, que era la más importante de Santa Cruz y a la que Néstor Kirchner ambicionaba controlar a partir de la financiación otorgada por el Banco de Santa Cruz.
 
El nexo entre Báez y Kirchner lo establece Armando Mercado, por entonces marido de Alicia Kirchner y secretario general del Sindicato Unido de Petroleros del Estado, filial Santa Cruz. A nivel nacional, el SUPE lo comandaba Diego Ibáñez, quien mucho tiene que ver con el origen de Cristóbal López.
 
A su vez Lázaro Báez culpa hoy día, según Salinas, a Cristóbal López por sus penurias periodísticas judiciales, insistiendo en que López quiso quedarse con sus negocios de construcción de represas (que acaba de perder en forma definitiva).
 
Pero es mejor no desviarse y regresar al tema de fondo: el crecimiento de Lázaro Báez demuestra la concepción empresarial que tenía Néstor Kirchner. Nunca fue cómo robarle al Estado, nunca un negocio de riesgo: obra pública apalancada en préstamos de la banca pública y con ingresos por certificados de obra pagados por el Tesoro público.
 
El único capítulo novedoso de la trayectoria empresaria de Kirchner fue cómo apropiarse de Gotti Hermanos, hacerla quebrar media docena de veces hasta terminar absorbiéndola en Austral Construccionescuyos certificados de obra debían hasta anticipar los gobernadores o de lo contrario se los volteaba (Sergio Edgardo Acevedo) o se lo somete a presión intensa (Daniel Peralta).
 
Por cierto, es ridículo que esa realidad sea objeto de culto en el supuesto 'progresismo' argentino. Además, es deplorable que muchos políticos argentinos, en especial gobernadores y alcaldes peronistas, tengan comportamientos similares a los de Kirchner.