miércoles, 17 de julio de 2013

"El problema de Irán no soy yo, son las pruebas"

El fiscal de la causa AMIA, Alberto Nisman, expuso sobre la infiltración de Teherán en la región y prometió profundizar la investigación. Habló del memorándum y de la negativa de Gils Carbó a costear su viaje a los EEUU.

El fiscal renovó este martes su promesa de “acudir a todas las herramientas legales” para que los sospechosos por el atentado de la AMIA, en 1994, declaren ante la Justicia argentina. "Vamos a seguir adelante, como lo hemos hecho hasta ahora ", dijo.
Alberto Nisman expuso sobre los avances en la investigación que reveló en su último dictamen, y ahondó en su denuncia de la infiltración iraní en América Latina a través de células de espionaje cuyo fin es perpetrar actos terroristas. Lo hizo como invitado del Congreso Judío Latinoamericano, en una presentación que contó con la presencia de autoridades de la comunidad judía y representantes de la oposición.
“En el último dictamen determinamos que el ataque a la AMIA no fue un hecho aislado”, dijo el fiscal, ante un auditorio colmado por más de 100 personas. Indicó que, según la evidencia que recabó, se dio en un contexto en el que Teherán ya había establecido en varios países de la región “bases de espionaje” con el objetivo de “propagar una visión radical del islam”.
Explicó que la infiltración se remonta a la década de 1980 y se perpetró tanto a través de organismos diplomáticos como de instituciones culturales, que tenían una “acción dual” para “esconder los actos terroristas”. En el caso argentino, aprovechó que entonces el país pertenecía al grupo de los “no alineados” y que existía antisemitismo en las fuerzas armadas, precisó.
Nisman halló indicios de la penetración iraní en casi todos los países de América del Sur, y les giró la información para que investiguen la posible existencia de “células dormidas”. Pidió asimismo a Interpol que extreme los recaudos para lograr las detenciones de los sospechosos por el atentado, en su mayoría funcionarios o ex funcionarios del régimen iraní.
Moshen Rabbani, ex agregado cultural iraní en la Argentina, fue de acuerdo con su investigación el coordinador del entramado en la región. Esa sospecha se robusteció con la relación que reconoció Abdul Kadir, quien sería su discípulo y hoy se encuentra condenado a prisión perpetua por un intento fallido de atentar contra el aeropuerto JFK de Nueva York.
“Nos chocamos con la infiltración, no la buscamos”, explicó Nisman. Rechazó versiones de que su investigación era tendenciosa –“a lo único que es funcional es a las pruebas”- y las críticas que contra él surgieron desde Irán. “El problema que tiene Irán no soy yo, son las pruebas”.
Consultado por la prensa antes de su exposición, Nisman se refirió al memorándum de entendimiento que el Gobierno firmó con Teherán sobre la causa AMIA: “Me enteré por los medios, me voy a expedir cuando le juez (Rodolfo Canicoba Corral) me corra vista por la constitucionalidad”.
En cuanto a la posibilidad que eso ponga en peligro las órdenes de detención, respondió: “Las capturas están vigentes y no veo posibilidad de que caigan”, pese al interés iraní. De todos modos añadió: “No nos vamos a detener ante nada ni nadie”.
El viaje truncado
Nisman fue invitado semanas atrás a exponer su dictamen ante el Congreso de los EEUU, que sigue con atención los movimientos de Irán en la región. Su asistencia se vio sin embargo impedida debido a la decisión de la Procuradora General, Alejandra Gils Carbó, de no avalar los viáticos.
El fiscal evitó polemizar con esa resolución. “Es una decisión que tomó mi superior jerárquica y que debo respetar, y punto”, dijo.
Se negó a opinar, además, respecto a trascendidos periodísticos de que el Gobierno podría crear otra fiscalía ad hoc para controlar su trabajo.