viernes, 5 de julio de 2013

El insólito exilio de Máximo

Lleva un mes y medio encerrado en Olivos y su madre le reprocha que la dejó sola en plena campaña. El complicado embarazo de su mujer y las encuestas que deprimieron a todos. Dieta milagrosa.


Máximo Kirchner está ansioso. La cuenta regresiva indica que puede convertirse en padre de un minuto a otro. Su mujer, Rocío García, tiene fecha de parto para los próximos días y está recluida en uno de los chalets de la Quinta de Olivos junto a él. También ella está intranquila: el embarazo fue complicado. Eso cuentan los amigos de la pareja, que dicen que será una beba. Y ahuyentan el amargo antecedente de hace dos años, cuando ella perdió un embarazo de tres meses.
Cristina Fernández también está expectante. En el acto de lanzamiento de su candidato Martín Insaurralde en la localidad bonaerense de Malvinas Argentinas no se aguantó más el secreto: “Ya tuve todo lo que podría haber logrado. Fui la primera mujer electa presidenta, fui reelecta, esposa de un hombre increíble, madre de dos hijos y abuela dentro de poquito”. El aplauso de los militantes la interrumpió. Lástima que nadie pudo ver a Máximo.
El joven Kirchner hoy no es parte de la campaña ni del Gobierno. Está abocado a otras prioridades. A los sustos del embarazo se sumaron las tragedias familiares. Primero, en febrero, murió su abuela, la madre de Néstor Kirchner, Juana María Ostoic, la mujer que prácticamente lo crió mientras el patagónico y su esposa estaban dedicados full time a la política. Luego, en marzo, falleció su suegra, Marta Ofelia Arana, la mamá de Rocío. Demasiadas despedidas en un momento que debía ser de felicidad.
La pareja se mudó a Olivos hace un mes y medio para estar a tiro de los médicos y prevenir nuevas complicaciones. Cristina insistió para que así fuera. Rocío prefiere la tranquilidad de Río Gallegos, al igual que Máximo, pero esta vez se dejó convencer. La Presidenta sabe que la permanencia de su hijo en Buenos Aires es temporal y fortuita. Hace ya un tiempo que él decidió que su lugar es el Sur. Y cuanto más lejos de la política, mejor. “La política lo mató a mi viejo”, suele repetir. Quiere otro destino para él y los suyos.
“EXILIADO”. Las apariciones de Máximo son más bien esporádicas. Es cierto que participó, después de largas lagunas, del cierre de listas para las elecciones legislativas hace dos semanas. Pero su principal aporte se redujo a tachar algunos nombres que no le caían en gracia. Según el periodista Eduardo Van der Kooy, del diario Clarín, sus objeciones eran acompañadas por sentencias tan elaboradas como “este es un traidor” o “este es un tipo de mierda”. Alicia Kirchner, su tía, que era número puesto para encabezar la lista bonaerense hasta que fue reemplazada por el ignoto Insaurralde, también fue bochada por Máximo y su madre. “No hay mucho diálogo entre Alicia y ellos”, confirman cerca de la ministra de Desarrollo Social, y explican que a veces pasan semanas sin un llamado. La gota que colmó la paciencia de la Presidenta y su hijo fue la supuesta falta de reflejos que ellos le endilgan a Alicia tras la inundación en La Plata.
Es cierto que la hermana de Kirchner no medía bien, pero parecía tener más chances que Insaurralde. Ahora, por decisión de la familia, será la primera vez en diez años que ningún Kirchner compita en una elección. Tampoco Máximo se animó a dar ese salto que su madre le viene reclamando. Lo midieron a principios de este año, pero el resultado deprimió a todos. Según una encuesta a nivel nacional de Management & Fit, el hijo presidencial tenía solo 7% de imagen positiva y 27,4 de negativa, y un nivel de desconocimiento de 55 puntos. Otra encuesta nacional, de una de las consultoras las más serias del mercado, le daba un desconocimiento de 44% y una imagen negativa de 31 contra solo 15 de positiva. Los consultores explican que el alto nivel de desconocimiento se debe a su nula presencia pública. Su voz se escuchó por primera vez en el documental sobre su padre que el oficialismo estrenó en los cines, y aunque era muy parecida a la de Kirchner, nada de lo que dijo logró impresionar a la militancia. “¿Qué cambiaría para atrás? No cambiaría nada. ¿Hasta acá? Nada… Sí, nada”, se lo escucha decir en ese film, que fue su único intento por romper el anonimato.
Las encuestas echaron por tierra la intención de postular al hijo de la Presidenta en las legislativas de Santa Cruz, donde el candidato K terminó siendo su joven amigo Mauricio Gómez Bull, que tampoco mide nada bien. Un sondeo flamante del gobernador Daniel Peralta, hoy enfrentado a la Casa Rosada, indica que el ignoto Gómez Bull solo es conocido por el 18 por ciento de los encuestados. El mismo estudio indica que el 70% de los consultados “nunca” votaría por Máximo, y que su imagen negativa en la provincia es de 38,1%. Peralta difundió esos números con cierto goce sádico. La Cámpora le estaba haciendo la vida imposible en la gobernación.
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