martes, 25 de junio de 2013

Las Represas entre Lázaro y Electroingeniería. El final de Báez (cantado) hizo resurgir el Plan “B”

Hoy el periodista Diego Cabot escribió en La Nación una nota reveladora; cómo el Ministerio de Planificación preparó todo para que las represas Condoro Clif f-La Barrancosa, caigan en manos amigas, si la situación de Lázaro Báez se complicaba aún más (como se complicó). La opción, como lo habíamos advertido, era Electroingeniería. Cabot hoy lo confirma y alude a la famosa “Carta de descuento”, una chicana que buscó el gobierno como forma de quedarse con la respresas a través de su Plan “B”.


Hubo gritos, caras de sorpresa, bronca y luego el éxtasis del triunfo. ¡Ganamos!, gritaba y se abrazaba con los suyos Gerardo Ferreyra, hombre fuerte de Electroingeniería el 11 de este mes. No era para menos: la empresa cordobesa que tuvo un crecimiento exponencial en los últimos 10 años calificaba primera en la puja por construir la mayor obra pública del kirchnerismo. A su lado, sus competidores levantaban sospechas de favoritismo y corrupción. La tercera licitación del proyecto de represas hidroeléctricas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic, antes llamadas Condor Cliff y Barrancosa, ambas instaladas en la cuenca del río Santa Cruz, quedaba una vez más envuelta en sospechas.
Todo sucedió en la mañana del 11 de junio. Ese martes en el Ministerio de Planificación Federal los popes de la obra pública argentina se encontraron para la apertura de los sobres que determinaría quién construiría la obra que se ha denominado “el Yacyretá de Cristina”. Se presentaron 4 consorcios. Uno integrado por la china Sinohydro, asociada con las locales Iecsa, Austral Construcciones (de Lázaro Báez), Chediak y Esuco, que presentó la oferta más barata ($ 28.783 millones si se suma el monto total de obra y los gravámenes). La segunda mejor oferta fue la de lnter Rao y Power Machine (Rusia), Isolux, Panedile, Eleprint, Helport e Hidroeléctrica Ameghino ($ 27,2 02 millones). Le siguieron Gezhouba Group (China), Electroingeniería e Hidrocuyo ($ 29.912 millones) y por último la constructora brasileña Norberto Odebrecht, Industrias Metalúrgicas Pescarmona (Impsa) y Alstom Brasil ($ 30.331 millones).
¿Quién ganó? Pues la tercera, el consorcio que estaba integrado por Electroingeniería, Gezhouba e Hidrocuyo. ¿Cómo lo hizo? Presentó una sospechosa Carta de Descuento de la Oferta, en la que se consignó un número muy por debajo de la oferta de todos ($ 24.750 millones). Sucede que según pudo saber La Nacion, esa Carta de Descuento no podría haberse tomado como válida al menos en ese momento de la licitación.
Todo se dio en el acto de apertura de sobres. Según consta en el acta de la Escribanía General del Gobierno, que firmó el escribano adscripto Horacio D’Albora, a las 10.30 de ese 11 de junio estaban presentes el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido; el secretario de Obras Públicas, José López, y el secretario de Energía, Daniel Cameron. Ellos, además de los representantes de las empresas oferentes, escuchaban al escribano leer las ofertas básicas. Pero en ese momento, Ferreyra, de Electroingeniería, se levantó como resorte. “Escribano, detenga el proceso -dijo-. Lea la Carta de Descuento, no la oferta básica.” El Escribano obedeció y leyó la nueva oferta, con precio mucho menor que la original (24,7 millones de pesos en vez de 29,9 millones). Esa nueva oferta era la menor. Ferreyra gritó: “¡Ganamos! ¡Ganamos!”, y se desató el festejo con felicitaciones y abrazos para todos.
Justamente la presentación de esa Carta de Descuento, a la que La Nacion accedió, levantó inmediatamente sospechas entre los que participaron del proceso. Sucede que, según los pliegos, solamente podría ser abierta en caso de resultar el mejor precio, cosa que con la presentación original de Electroingeniería no sucedía. “Debería haber quedado tercera y esa carta jamás se podría haber tomado como válida”, dijo un ejecutivo que conoce muy de cerca los pormenores de la obra. Así las cosas, la empresa cordobesa quedó con la mejor oferta. El escribano actuante adjuntó a su acta las cuatro cartas básicas y el descuento de Electroingeniería. Esa carta es la única de todas que no tiene fecha en su encabezado. Eso sí, hay una certificación en el dorso de que está hecha el día anterior a la de la oferta original.
Pagos en el extranjero
Las dudas y las sospechas surgen, además, de otro párrafo que se agrega a esa ya famosa Carta de Descuento. “Aclaramos que los pagos a efectuar en el extranjero se adecuarán a lo indicado en el anexo VIII de la presente”, dice la misiva. ¿Qué dice esa cláusula que inmediatamente llamó la atención de todos? Según pudo saber La Nacion se trataría de condiciones para que gran parte de los pagos se realicen en el exterior. “Es un escándalo porque las condiciones establecían que los pagos se deben hacer en pesos y en la Argentina. No hay razón para cobrar en el exterior, imagino, en dólares. Los servicios se pagan en pesos y acá, y todo lo que se importa ingresa al régimen general de importaciones, es decir, se aprueban y se depositan los pesos necesarios como para que el Banco Central gire los dólares al exterior. Cobrar en el extranjero no estaba previsto. Lo que se hizo es destruir el pie de igualdad de los oferentes. Y se hizo en la audiencia en las narices de funcionarios del área”, dijo un ejecutivo con acceso a todos los documentos que conforman la oferta.
Tras la audiencia de apertura de sobres, las ofertas pasaron a análisis técnico para que finalmente se disponga la adjudicación. El consorcio conformado por Austral Construcciones y por Iecsa impugnó la oferta de Electroingeniería-. Dicen que fue una orden expresa de Lázaro Báez.
Los exégetas de la obra pública creen que hasta hace meses, antes de los escándalos de las valijas y las bóvedas que involucran a Lázaro Báez y a sus empresas, ese consorcio era número puesto para adjudicarse la obra. Pero el Gobierno habría decidido no entregar el proyecto más importante del kirchnerismo al sospechado empresario. El ganador sería, según los números públicos de la licitación, la UTE formada por Isolux y Helport, de Corporación América. En el mundo de los sobres lacrados pero donde todo se sabe, esa información era moneda corriente. Entonces apareció una oferta mejor, algunos dicen que habría sido extemporánea, que desplazó a los eventuales ganadores y le permitió la llegada a una empresa con mejor relación con el corazón del Gobierno.
Todo sea por honrar la historia. La “Yacyretá de Cristina” cada vez se parece más a la represa binacional. No sólo en el tamaño, sino también por los escándalos. (La Nación/Agencia OPI Santa Cruz)
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