viernes, 21 de junio de 2013

Cien días de Francisco: después de la "luna de miel", llega la hora de las decisiones difíciles

El pontífice argentino renovó la imagen y la popularidad de la Iglesia en poco más de tres meses; sus críticos le reprochan un estilo "populista" y la falta de acciones

Por Elisabetta Piqué  | LA NACION



OMA.- ¿Cuánto durará la "luna de miel" de Francisco? Es la pregunta que flota en el ambiente al cumplirse los primeros 100 días de pontificado de Jorge Bergoglio, el papa venido del fin del mundo que marcó el comienzo de una nueva etapa para la Iglesia Católica.
Si hace un año reinaba desconcierto ante un Vaticano desde cuyos muros trascendían noticias dignas de un thriller de Dan Brown, ahora todo parece haber cambiado.
Sólo con recorrer la Plaza de San Pedro los domingos, día del Ángelus, o los miércoles, jornada de la audiencia general, cuando asiste el cuádruple de gente que hace un año, salta a la vista la "papamanía". Un entusiasmo visceral por la elección, el 13 de marzo pasado, de un santo padre que prefiere llamarse a sí mismo "obispo de Roma" en lugar de "Papa", un pontífice normal, cercano a la gente. Un papa austero que sigue siendo él mismo, que rechaza la pompa, que decide quedarse a vivir en el hotel cuatro estrellas del Vaticano para no aislarse, que no se tomará vacaciones, y que habla en forma directa y espontánea. En esta etapa de enamoramiento colectivo por el Papa, pocos recuerdan al mayordomo infiel que traicionó a Benedicto XVI, las intrigas y los venenos salidos a la luz con el VatiLeaks, las sospechas alrededor del Instituto para las Obras de Religión (IOR) y demás escándalos.
"Hoy, ante lo que nuestros ojos ven con las multitudes que llegan a la Plaza de San Pedro, o ante lo que nuestras orejas oyen con las palabras del Papa que habla de una vuelta a lo esencial del Evangelio, podemos verificar que la renuncia de Benedicto XVI, como él mismo había dicho, era un bien para la Iglesia", dice Guzmán Carriquiry Lecour, secretario de la Pontificia Comisión para América latina.
Aunque una minoría, por lo general tradicionalista y conservadora, acusa a Francisco de "populista" por ese estilo informal, de ruptura, la gran mayoría siente una fuerte esperanza en cuanto al modo de ser del Papa.
El pontífice argentino hizo soplar un viento de renovación casi milagroso en tiempos de relativismo y secularismo. ¿Cómo? A través de un mensaje simple: no a una Iglesia encerrada en sí misma, autorreferencial, y sí a una Iglesia abierta al mundo. Un sondeo del Instituto Demopolis confirmó el impacto sobre la opinión pública de Francisco, al destacar que, en 100 días, conquistó la confianza del 85% de los italianos, que en su mayoría están convencidos de que, más allá de las resistencias, logrará renovar a la Iglesia. "La insistencia del Papa en asegurar que Dios no se cansa nunca de perdonar dio lugar a un boom de confesiones. Si hay gente que decide volver masivamente a confesarse es que aquí hay algo más que papamanía", asegura el prestigioso vaticanista Andrea Tornielli.
Ahora, en esta "papamanía", la pregunta del millón es cuánto durará la "luna de miel" de Francisco, cuándo llegará el momento de las grandes y difíciles decisiones que van más allá de los gestos.
El ex arzobispo de Buenos Aires parece decidido a "limpiar" tanto la curia, como el IOR, el banco del Vaticano que está en el centro de sospechas de ilícitos que afectan la imagen de la misma Iglesia. Por eso Francisco envía mensajes clarísimos, todas las mañanas, en sus homilías de la misa matutina en Santa Marta, contra la corrupción, la sed de poder, el carrerismo, existentes también en el seno de la Iglesia. Él mismo se convirtió en el primer papa que dice que así como hay muchos "santos", también hay corrupción y un "lobby gay" en la curia, tal como trascendió que dijo en una audiencia privada jamás desmentida por el Vaticano.
En una de sus más trascendentales decisiones de gobierno tomadas hasta ahora -que habla de una nueva forma de colegialidad y de menos centralismo-, Francisco nombró a ocho cardenales de todos los continentes para que lo ayuden a reformar la curia, algo que ya están haciendo: tuvo audiencias y habló por teléfono con varios de ellos. De estos ocho cardenales, siete no son de la curia, todo un mensaje.
"Que deje de hacerse el párroco y que haga de Papa", "habla demasiado", dicen, por lo bajo, quienes critican a Francisco, al sostener que, en estos 100 días de gobierno, "no hizo nada".
En este sentido, es inmensa la expectativa sobre quién será su secretario de Estado, es decir, su número dos, en reemplazo del cuestionado cardenal Tarcisio Bertone, que sigue en su cargo en forma provisoria, hasta nuevo aviso.
Al respecto, la prensa local habla insistentemente del cardenal Giuseppe Bertello, el único italiano del grupo de consultores y presidente del Governatorato del Vaticano. De todas formas, hay otros nombres en danza y habrá que esperar. También es inmensa la expectativa en cuanto a la ya mencionada reforma de la curia, que hace temblar a varios de sus miembros, sobre todo después de la admisión de la existencia de un "lobby gay" en su interior..